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Lechería: “Tener un equipo motivado es el secreto del negocio”

El negocio lechero tiene numerosos “secretos”, pero el recurso humano se volvió un factor trascendental. El Ing. Agr. Javier Baudracco detalla aspectos claves de la actividad para alcanzar los objetivos productivos propuestos. ¿Cómo afrontar el proceso del traspaso generacional?

Jueves 27 de febrero de 2020

La lechería es una actividad que involucra diversos aspectos sin los cuales se torna realmente difícil mantenerse en la actividad. Los desafíos siempre contemplan estrategias para alcanzar mayor eficiencia y productividad porque los vaivenes que afronta el sector, a partir de factores macroeconómicos y climáticos, impactan de manera directa en los tambos.

Existen numerosos secretos para alcanzar los objetivos propuestos. Teniendo en cuenta que hay dos variables (la política y el clima) que los productores no pueden manejar, la mirada debe centrarse en las acciones que puedan llevarse a cabo tranqueras adentro. En ese sentido, las inversiones en materia de infraestructura constituyen un punto saliente a la hora de alcanzar el bienestar animal y también, del personal porque el factor humano en el tambo cobra gran relevancia.

El Ingeniero Agrónomo Javier Baudracco, catedrático de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCA – UNL), se define como un “entusiasta de la lechería sustentable y disfrutable”. Bajo esos dos conceptos, el experto presenta una mirada innovadora para los tiempos que corren, que exceden a la cuestión productiva.

“Los tambos siempre lidian con obstáculos, de toda índole, pero para mejorar tenés la posibilidad interactuar con los mejores y tratar de aprender de ellos, algo que lógicamente demanda humildad. Sabemos que las unidades en Argentina han quedado con baja inversión en infraestructura básicamente y allí decimos que cambiar la mentalidad implica también realizar algunas inversiones básicas”, explica. Y agrega: “el lema nuestro es cuidar a la gente que después cuida a la vaca”.

Las instalaciones de ordeño, las herramientas de trabajo y la vivienda de quienes se encargan de las labores diarias en el tambo, son aspectos a tener en cuenta para que un establecimiento “sea atractivo”. Al respecto, Baudracco reconoce “un atraso” a nivel nacional en esos puntos y para graficar su postura, cuenta: “por ejemplo algo básico tiene que ver con la cantidad de unidades de ordeño en relación a las vacas, que generalmente es baja y provoca que el proceso de ordeñe se extienda más de la cuenta; a nadie le gusta ordeñar más de una hora y media porque te cansas, hay que pensarlo como un partido de fútbol que si dura más de la cuenta, los jugadores comienzan a sentir dolores o fatiga desde el punto de vista físico”.

Por eso, reflexiona: “para tener un tambo que atraiga a gente capaz y comprometida, necesitamos igualar condiciones de la ciudad. En la lechería el resultado depende de las personas que llevan adelante el establecimiento y yo sostengo que no encontramos gente motivada para los tambos por las condiciones de vida que le proponemos”.

 

Cómo transmitir la pasión

“La tarea en el tambo es sacrificada y se necesita mucha eficiencia para ser rentable; por eso insistimos en generar las condiciones para aquellos que se encuentren en la actividad”, reafirma el Ing. Baudracco. Claro que, en un escenario tan volátil, la teoría queda condicionada por la coyuntura. De todas maneras, el desafío pasa por trabajar en pos del confort del personal y por lograr con éxito el tan nombrado “traspaso generacional”, teniendo en cuenta que la lechería “dinamiza pequeñas ciudades y pueblos de la región”.

En esa línea, el profesional plantea que “uno de los objetivos centrales en la actualidad sin dudas implica animar a los jóvenes y para ello debemos mostrarle cuál es el potencial de nuestro país para producir leche”. Sin embargo, para que haya una transición adecuada en un establecimiento, indefectiblemente “alguien” debe estar dispuesto a continuar con el legado. Y allí, en muchos casos, aparecen los obstáculos. “En mi experiencia, la realidad muestra que si los hijos, sobrinos o nietos observan que el padre, tío o abuelo reniega con el tambo, pierden todo tipo de interés y no les resulta atractivo para nada”, describe.

No obstante, también pueden encontrarse esos ejemplos positivos donde hay jóvenes que toman la posta y que realizan inversiones para construir o refaccionar instalaciones, porque “tienen a su alcance productores exitosos que ganan dinero y que lograron satisfacer las necesidades para el personal”. Consciente de la pasión que genera la actividad, el Ing. recomienda aprovechar al máximo ese sentimiento para interactuar con los mejores. Y no tiene dudas: “las palabras mueven y los hechos arrastran”.

Para concluir, expresa: “la infraestructura juega un rol fundamental en el ánimo de la gente y en el bienestar de las vacas. Estamos hablando de una instalación de ordeño ágil, con muchas bajadas, agua muy disponible (mucho más de lo que observamos en los tambos promedios del país) y cambios en las condiciones de las personas (tratar de implementar sistemas más rotativos de franco y viviendas bien equipadas)”. Y asegura: “tener un equipo de gente estable y motivada es el secreto del negocio lechero para lograr alta eficiencia y un resultado económico positivo”.

 

Sistemas atractivos y rentables

Desde el punto de vista productivo, los tambos se enfrentan a grandes interrogantes. Cada establecimiento “es un mundo”, como habitualmente se dice, y está comprobado que existen varios sistemas que permiten cumplir los objetivos. Sobre este aspecto, Javier Baudracco destaca un modelo confeccionado en la FCA – UNL que pone el acento en la carga por hectárea y la alimentación.

“Para que el sistema sea rentable hay que generar una diferencia entre lo que se factura y lo que se gasta. Para facturar mucho, hemos desarrollado modelos de alta carga con aproximadamente dos vacas por hectárea y unos 15.000 o 16.000 lts/ha”, revela. Y aclara: “la clave es no gastar más de 12.000 o 13.000 lts/ha para que queden unos 2.000 lts. Hay uno 40 tambos que monitoreamos que logran eso y que por suerte se han convertido en experiencias que demuestran la viabilidad del modelo, que en definitiva se vuelve más conveniente y rentable que una soja de 45 qq/ha”.

A los fines de lograr ello, el especialista remarca la necesidad de “moderar los costos de alimentación, apostando a producir mucho forraje en el campo con altos niveles de fertilización, con altos manejos de pasturas (manejo tipo agricultor), con la carga de dos vacas por hectárea aproximadamente, lo que permitirá controlar los costos de la alimentación y no ser tan dependiente del alimento concentrado que cambia la ecuación cuando no tiene buen precio”.

Por último, analiza: “si se aplica este modelo que hemos desarrollado en conjunto con productores y asesores, en 130 hectáreas puede quedar un retiro muy adecuado para una familia. Ahora bien, si en vez de pensar en la renta se pone el foco en otras cuestiones, probablemente se necesitarán muchas más hectáreas para tener un resultado. La escala es una consecuencia del resultado, cuando vos tenés un alto resultado por hectárea (sistemas pastoriles intensivos) la cantidad de hectáreas que necesitas es menor que cuando obtenés un resultado mediocre”.